Desabasto de gasolina por piquetes a ductos de Pemex en 6 estados
Un piquete es la perforación clandestina que se practica sobre un ducto de Pemex para sustraer combustible de forma ilegal, una práctica que en las últimas semanas repuntó en distintas regiones del país y que empieza a traducirse en desabasto de gasolina y diésel para las gasolineras que dependen de esa infraestructura. El fenómeno no es nuevo, pero su repunte coincide con el momento en que Pemex atraviesa la caída de producción de diésel más pronunciada desde septiembre de 2025, una combinación que reduce el margen de maniobra de los permisionarios para sostener inventario suficiente en sus estaciones.
La región centro de Coahuila es uno de los puntos donde el problema se documentó con mayor detalle en fechas recientes.
El empresario Eugenio Williamson Yribarren, quien opera una gasolinera en la zona y también dirige una constructora dedicada al mantenimiento de infraestructura de gas natural, reportó perforaciones sobre el libramiento Carlos Salinas de Gortari en tres ocasiones distintas durante semanas recientes, encontrando en más de un caso que ductos ya soldados por reparaciones previas habían sido reabiertos. Personal del Ejército y funcionarios de Pemex acudieron al menos a uno de esos incidentes, aunque la respuesta llegó después de que las reparaciones ya se habían realizado, lo que evidencia la velocidad con la que operan las cuadrillas dedicadas al robo de combustible.
Piquetes a Ductos de Pemex en Coahuila Detonan el Desabasto de Gasolina
Ante la magnitud de las perforaciones, Pemex optó por sustituir el transporte por ducto con autotanques para abastecer sus centros de distribución en la zona, según reportó el propio Williamson, lo que sugiere que la infraestructura fija ha quedado comprometida al grado de requerir una logística de contingencia sostenida. El empresario advirtió también que parte del combustible sustraído podría estar reingresando al mercado local a precios reducidos a través de gasolineras de la región, un riesgo que golpea directamente a los permisionarios que sí pagan el costo completo del producto a Pemex.
Producción de Diésel de Pemex en su Nivel Más Bajo desde Septiembre de 2025
El deterioro de la infraestructura ocurre en un momento particularmente sensible para el abasto de diésel. Pemex produjo 251.6 mil barriles diarios de ese combustible en junio, el nivel más bajo desde septiembre de 2025, frente a una demanda de mercado de 312.7 mil barriles diarios, brecha que sus siete refinerías no han logrado cerrar durante cuatro meses consecutivos.
La caída se explica en buena medida por la volatilidad en los precios internacionales derivada del conflicto militar entre Estados Unidos e Irán, factor que presionó los costos de las materias primas necesarias para el proceso de refinación.
Esa brecha entre producción y demanda se traduce, en la práctica, en menores entregas para las gasolineras y en un desabasto de gasolina y diésel que ya no se limita a una sola región. Gasolineros han denunciado que Pemex tarda hasta cuatro días en abastecerlos de diésel, plazo que, en un mercado donde el desplazamiento diario agota rápido el tanque de almacenamiento, deja a las estaciones expuestas a quedarse sin producto antes de que llegue el siguiente embarque.
Problemas logísticos en seis estados se han reportado de forma similar, donde la distancia entre los centros de distribución de Pemex y las estaciones de servicio amplía el tiempo de respuesta ante cualquier interrupción.
El Tope de Precios de Gasolina y Diésel que Ningún Importador Quiere Sostener
Desde enero de 2026, el gobierno federal mantiene un acuerdo de precios con las principales organizaciones de distribuidores de combustible, bajo el cual la gasolina Magna se mantiene topada en $24 por litro y el diésel se mueve entre $27 y $28 por litro. La administración extendió recientemente ese pacto hasta marzo de 2027 en un intento por sostener la estabilidad de precios mientras persiste la crisis de producción.
El problema, señalan los propios operadores, es que ese tope no siempre cubre el costo logístico real de mover combustible hacia comunidades alejadas de las terminales.
Los importadores privados dejaron de enviar cargamentos a México bajo las condiciones actuales de precio, lo que deja a las gasolineras nacionales dependiendo casi por completo del suministro de Pemex justo cuando su capacidad de entrega se ve comprometida tanto por la caída de producción como por los piquetes a su red de ductos. Los operadores independientes, en particular los que atienden comunidades alejadas, enfrentan también mayor escrutinio de las autoridades federales, incluyendo auditorías fiscales, revisiones de protección al consumidor e inspecciones ambientales, lo que suma presión administrativa a un margen ya comprimido.
En la Ciudad de México, por ejemplo, el litro de Magna promedió $23.80 este miércoles 2 de septiembre, con la Premium en $28.812 y el diésel en $26.977, cifras dentro del rango pactado que, sin embargo, no reflejan necesariamente el costo real de abasto en zonas donde los piquetes o la distancia logística elevan el gasto de transporte por encima del promedio nacional.
Cuántos Días de Inventario Necesita una Gasolinera para Resistir un Piquete
Si el resurtido de diésel tarda hasta cuatro días en condiciones normales, y un piquete puede sumar horas o días adicionales de suspensión mientras se repara el ducto, la pregunta operativa deja de ser abstracta. Una estación que despacha su inventario en menos de ese plazo queda expuesta a un desabasto directo; aquellas con capacidad de almacenamiento superior a cuatro o cinco días de venta promedio logran absorber la interrupción sin suspender el servicio.
El colchón necesario no es un número fijo: depende del volumen de despacho diario, de la distancia a la terminal de abastecimiento y de si la estación tiene acceso a más de un proveedor autorizado.
Lo que sí queda claro es que el margen de maniobra se redujo para los permisionarios que operan con tanques de menor capacidad, puesto que el mismo tope de precios que protege al consumidor limita la posibilidad de trasladar el costo de mantener mayor inventario de seguridad. Las estaciones integradas a comercializadoras con múltiples fuentes de suministro, en cambio, tienen mayor flexibilidad para redirigir pedidos cuando una ruta de ducto queda comprometida por un piquete o una falla operativa.
El contraste resulta relevante frente al discurso oficial sobre el sector. Durante su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó que Pemex redujo su deuda en $20,000 millones de dólares, elevó su producción de crudo a 1.77 millones de barriles diarios y llevó su sistema de refinación a procesar más de 1.5 millones de barriles diarios, con la refinería Olmeca en Dos Bocas como pieza central de ese esfuerzo.
La funcionaria enmarcó esos avances como parte de una estrategia de soberanía energética que también incluye la construcción de dos plantas coquizadoras, una en Tula, Hidalgo, que concluye en 2026, y otra en Salina Cruz, Oaxaca, prevista para inicios de 2027.
Esa narrativa de fortalecimiento financiero convive, sin embargo, con una realidad logística donde los piquetes a la red de ductos y la caída de producción de diésel golpean la operación cotidiana de miles de gasolineras, particularmente las que dependen de un solo punto de suministro y no cuentan con la escala para negociar condiciones de entrega preferenciales. La Comisión Nacional de Energía, que sustituyó a la extinta Comisión Reguladora de Energía en marzo de 2025 como regulador único del sector, mantiene la supervisión de permisos de distribución y precios, pero no tiene injerencia directa sobre la seguridad física de la infraestructura de transporte, responsabilidad que recae en Pemex y en las fuerzas de seguridad federal.
La combinación entre perforaciones clandestinas que obligan a sustituir ductos por autotanques, una producción de diésel en su nivel más bajo desde septiembre de 2025 frente a una demanda que la supera en más de 60 mil barriles diarios, y un tope de precios vigente hasta marzo de 2027 que deja poco margen para absorber sobrecostos logísticos, coloca a las gasolineras de las zonas más afectadas por el desabasto de gasolina y diésel ante una decisión operativa concreta: sostener un colchón de inventario capaz de cubrir al menos los cuatro días que hoy toma el resurtido, o asumir el riesgo de quedarse sin producto cada vez que un ducto vuelve a ser perforado.
