El Estrecho de Ormuz es el paso marítimo más importante para el comercio mundial de hidrocarburos, un corredor de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto por el que transita, en condiciones normales, cerca de una quinta parte del suministro diario global de petróleo y gas natural licuado. Desde finales de febrero de 2026, el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán bloqueó de facto ese corredor, y seis meses después las cifras del impacto sobre México ya tienen nombre propio, gasolina cara y una factura de $2,500 millones de dólares en costos netos adicionales entre marzo y agosto, la segunda más alta del mundo después de Indonesia.
El dato proviene de un análisis del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA), organización que ha documentado cómo el mercado pasó de anticipar una gasolina de referencia de $93 dólares por barril antes del conflicto a pagar en promedio $133 dólares por barril durante la crisis, transitando de un escenario de suministro estable a uno de interrupciones recurrentes en uno de los cuellos de botella energéticos más vigilados del planeta. Para una economía que exporta crudo pero depende de la importación de combustibles refinados, ese diferencial se convirtió en factura directa.
Lo que hace a este episodio distinto de otros sobresaltos petroleros es la combinación de factores, un conflicto armado prolongado por seis meses, negociaciones diplomáticas intermitentes y una política interna de contención de precios que ya lleva año y medio operando bajo el supuesto de que el crudo se mantendría relativamente ordenado. El cierre parcial del Estrecho de Ormuz golpeó de forma directa el precio de la gasolina mexicana desde el primer mes del conflicto, y esa combinación de factores es la que ahora se pone a prueba.
México, Segundo Lugar en la Factura Global de la Gasolina Cara
Según CREA, solo Indonesia enfrentó un costo mayor al mexicano, con $2,600 millones de dólares adicionales en el mismo periodo, mientras Australia se ubicó en tercer lugar con $1,100 millones. Entre México e Indonesia concentraron cerca de una cuarta parte de los $20,400 millones de dólares en costos adicionales que el alza de combustibles generó a nivel mundial, lo que sugiere que ambas economías comparten una exposición estructural similar frente a las rutas de tránsito energético del Golfo Pérsico.
Esa exposición compartida explica, en gran medida, por qué sube la gasolina en México pese a que el país continúa exportando crudo.
El desglose por producto explica la magnitud del golpe. La gasolina promedió $133 dólares por barril, 43% por encima de los $93 dólares que anticipaban los mercados de futuros antes de la guerra.
El diésel y el combustóleo para calefacción subieron todavía más, hasta $161 dólares por barril frente a los $101 proyectados, un premio de 59%. México pagó en conjunto $4,700 millones de dólares adicionales por importaciones de diésel, gasolina, turbosina y gas natural, cifra que lo colocó en el vigésimo lugar entre las naciones más afectadas del planeta.
La aviación mexicana no quedó exenta, con cerca de $600 millones de dólares en sobrecostos de turbosina durante el semestre.
El país amortiguó parte del daño gracias a su condición de exportador de crudo, puesto que los mayores ingresos petroleros generaron $2,900 millones de dólares adicionales, de los cuales $2,500 millones provinieron exclusivamente de la venta de crudo. Ese ingreso extra redujo el saldo neto negativo a $1,800 millones de dólares.
Compensación que, sin embargo, no borra la vulnerabilidad de fondo, la de un país que vende petróleo crudo y compra petrolíferos terminados a precios que ya no están bajo su control.
El Precio del Brent en Montaña Rusa Durante Seis Meses de Conflicto
El comportamiento del precio del Brent, el crudo de referencia, durante agosto ilustra la volatilidad del periodo. El 6 de agosto, mientras Irán y Omán negociaban las coordenadas geográficas de una ruta marítima alterna por el Estrecho de Ormuz (acuerdo anunciado por el vocero de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei), el Brent cerró en $80.28 dólares por barril y el WTI en $75.83.
El 24 de agosto, ante la amenaza del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, de imponer lo que calificó como "las sanciones más duras de la historia" contra Irán, el Brent cayó a $93.23 dólares y el WTI a $85.51, mientras menos de 20 embarcaciones lograban cruzar el estrecho durante ese fin de semana por los bloqueos cruzados entre fuerzas iraníes y estadounidenses.
Tres días después, el 27 de agosto, los precios cedieron a $88.35 dólares el Brent y $82.41 el WTI, en momentos en que el primer ministro de Qatar viajaba a Teherán para reactivar las negociaciones. Las exportaciones petroleras del Golfo se mantuvieron, durante julio, cerca de 40% por debajo de los niveles previos al conflicto, lo que explica por qué el mercado reacciona con tanta rapidez ante cualquier señal diplomática, favorable o adversa.
Pemex Sostiene el Techo de Precios de la Gasolina Frente a un Insumo Más Caro
Ante ese entorno externo, la respuesta mexicana ha sido sostener el mecanismo de contención vigente desde 2025. El 20 de agosto, la Comisión Nacional de Energía (CNE), junto con representantes del sector gasolinero, renovó por seis meses adicionales la Estrategia Nacional para Estabilizar el Precio de la Gasolina Magna y el Diésel, con techos de referencia de $24 pesos por litro para la Magna y $27 pesos por litro para el diésel a nivel nacional, límites que operan como máximos orientativos y no como precios fijos.
Las regiones fronterizas conservan además una tasa de IVA reducida de 8% frente al 16% general, condición pensada para mantener competitividad frente a las gasolineras estadounidenses.
Siete dependencias federales, entre ellas la Secretaría de Energía, la Secretaría de Hacienda, Pemex y la Guardia Nacional, firmaron el acuerdo junto con cadenas privadas como Oxxo Gas y operadores regionales, comprometiéndose además a simplificar trámites de permisos, intensificar el combate al mercado ilegal de combustible y reducir comisiones en pagos electrónicos. Los precios observados en Ciudad de México muestran, hasta ahora, un margen de maniobra estrecho pero sostenido, el 3 de agosto la Magna se vendía en $23.699 pesos por litro, la Premium en $28.523 y el diésel en $27.041; para el 20 de agosto, la Magna había subido a $23.819, la Premium a $28.705 y el diésel había cedido ligeramente a $26.989.
¿Cuánto tiempo puede sostener el gobierno mexicano un techo de precios diseñado bajo el supuesto de un crudo relativamente estable frente a una crisis geopolítica que ya acumula seis meses activa y cuya resolución no tiene fecha cierta?
Diagnósticos Encontrados Sobre Cuánto Durará la Gasolina Cara en México
Los analistas consultados no coinciden en la duración ni en la magnitud del episodio. Alejandro H.
Garza Salazar, director de inversiones de Aztlan Equity Management, sitúa el precio de equilibrio del crudo en $68 dólares por barril, frente a niveles actuales que considera entre 30% y 40% por encima de ese punto a causa del cierre del estrecho, y advierte que la normalización de las cadenas de suministro tomará meses incluso después de que el conflicto termine, puesto que las refinerías necesitan tiempo para reiniciar flujos plenos.
Por su parte, Priscila Robledo, economista en jefe de la plataforma de inversión Fintual, sostiene que el impacto neto es negativo tanto para el crecimiento como para las finanzas públicas mexicanas, ya que los ingresos petroleros adicionales no alcanzan a cubrir la brecha fiscal que generan los subsidios a combustibles. Robledo proyecta un rango de $70 a $80 dólares por barril hacia adelante y descarta que el crudo vuelva a superar los $100 dólares de forma sostenida.
La experiencia mexicana no es aislada dentro de América Latina y el Caribe, región donde el encarecimiento del petróleo se ha traducido en presión inflacionaria similar para economías con estructuras de importación de refinados comparables a la mexicana. La diferencia está en la escala, entre las naciones más golpeadas del mundo, solo Indonesia comparte con México ese doble papel de exportador de crudo e importador neto de combustibles terminados, lo que convierte a ambos países en el mejor termómetro de lo que ocurre cuando un cuello de botella geopolítico de una ruta que mueve una quinta parte del petróleo mundial se prolonga más allá de unas cuantas semanas.
Con el conflicto en su sexto mes, un techo de precios renovado hasta febrero de 2027, un crudo que osciló entre $75.83 y $93.23 dólares por barril solo durante agosto, y un saldo neto de $1,800 millones de dólares que ya pesa sobre las finanzas públicas mexicanas, el desenlace de las negociaciones diplomáticas entre Washington, Teherán y Doha se ha convertido, para el sector energético mexicano, en la variable que determinará si la estrategia de estabilización sobrevive intacta el segundo semestre o si el gobierno y las gasolineras deberán absorber, con gasolina cara y un mercado internacional todavía inestable, un diferencial que se vuelve más difícil de sostener conforme el conflicto se prolonga.
