La red de terminales de almacenamiento y despacho de Petróleos Mexicanos es la columna vertebral de la distribución de combustibles en México, el conjunto de nodos donde el petrolífero importado o procesado en refinería se transfiere a los autotanques que surten de diésel a las gasolineras del país, enlazando la importación y el procesamiento interno con el despacho al consumidor final en la última milla. Su operación sostenida no es una ventaja competitiva para el permisionario que depende de ella; es la condición mínima sobre la que descansa la continuidad del negocio.
En los meses de marzo y abril de 2026, esa condición mínima dejó de cumplirse en una porción sin precedente reciente de esa red, trasladando al sector de un escenario de abasto ajustado a uno de disrupciones documentadas en al menos once entidades del país.
Pemex registró 25 interrupciones en sus terminales durante marzo y 34 en abril, un incremento de 36% en frecuencia de fallas en el lapso de un mes. Las reservas en la terminal de Reynosa, Tamaulipas, llegaron a cero.
El Valle de México operó con apenas tres días de inventario frente al mínimo regulatorio de cinco días. Las terminales de León, El Castillo y Querétaro reportaron restricciones que forzaron redistribuciones de emergencia, incluyendo traslados de diésel de Zapopan a Lagos de Moreno y de El Castillo a Manzanillo, medidas de parche que atendieron la crisis coyuntural sin resolver las condiciones que la generaron.
El mapa de afectaciones no responde a una falla operativa aislada: la simultaneidad de disrupciones en terminales tan distantes como Reynosa y el Valle de México apunta a condiciones sistémicas cuya corrección excede lo que el gasolinero puede resolver desde su propia operación, y cuya persistencia convierte la gestión del riesgo de desabasto de diésel en una variable central de cualquier permisionario que dependa de la red de Pemex como fuente única de suministro.
La raíz del desabasto de diésel, precios tope sobre costos de importación al alza
El desequilibrio financiero que subyace a la crisis tiene una aritmética precisa. Pemex importa cerca de 70% del combustible que se consume en el país, y lo hace a precios de mercado internacional que entre el 27 de febrero y el 15 de abril de 2026 registraron alzas significativas: el costo de importación de gasolina subió 58.6% y el del diésel 32%, mientras que el flete marítimo desde Estados Unidos pasó de $225,000 a $415,000 dólares por embarque.
Ese incremento opera en paralelo con un techo de precio que mantiene la Magna en $24 pesos por litro y el diésel en $27 pesos, sin decreto que formalice el compromiso, situación que, anteriormente, no había generado presión de abasto de esta magnitud.
Ante la brecha entre costos de importación y precio de venta autorizado, importadores privados como Valero y Repsol redujeron sus volúmenes de operación durante ese período, retirando una válvula de alivio que el sistema necesita especialmente cuando la producción interna opera por debajo de su capacidad a causa de fallas en refinerías, incluyendo interrupciones documentadas en la planta de Dos Bocas. El cumplimiento del tope de precio en diésel cayó a 61% antes de que las restricciones se generalizaran, lo que sugiere que cuatro de cada diez gasolineras ya vendían por encima del precio acordado incluso antes de que los inventarios de las terminales colapsaran.
¿Puede una gasolinera independiente sostener operaciones normales cuando la terminal que le surte opera con menos de tres días de inventario y redistribuye producto hacia zonas de emergencia?
El déficit de reservas, 17 días de cobertura frente al estándar internacional
La crisis de abasto de abril de 2026 no es un episodio imprevisto: es la expresión más reciente de un déficit estructural en la política de reservas de combustibles del país. México opera con inventarios equivalentes a 17 días de combustibles disponibles, una cifra que contrasta con los 61 días recomendados por la Agencia Internacional de Energía (AIE) como reserva mínima para enfrentar disrupciones de suministro.
Ese diferencial de 44 días de cobertura hace que cualquier falla en la cadena de importación o distribución se traduzca rápidamente en escasez en el punto de venta.
El analista energético Ramsés Pech ha señalado que la mayor vulnerabilidad está en la logística: la red de terminales Pemex está demasiado alejada de las gasolineras, lo que genera costos crecientes y riesgo de desabasto que se concentra en el sur, sureste y Pacífico del país, donde estados como Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo dependen casi exclusivamente del transporte por carretera al carecer de infraestructura de ductos. Por su parte, Óscar Ocampo del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) advierte que la distribución por autotanque es profundamente ineficiente y que Pemex no cuenta con recursos para expandir su red de ductos, lo que plantea un cuello de botella que las redistribuciones de emergencia atienden sin resolver.
Cómo blindar el abasto de diésel en tu gasolinera, estrategias que funcionaron en abril
La fragilidad documentada en la red de terminales de Pemex plantea una disyuntiva operativa para cada permisionario: esperar que el sistema se estabilice o adoptar medidas dentro de su propio alcance. Las estrategias que los actores del sector implementaron durante las restricciones de abril de 2026 apuntan en tres direcciones:
Diversificación de puntos de abastecimiento: Las gasolineras que lograron mantener continuidad operativa durante las restricciones de abril fueron, en su mayoría, aquellas con acceso a más de una terminal o a comercializadoras privadas con producto disponible en plazas alternativas, asumiendo costos logísticos adicionales pero evitando el cierre temporal.
Incremento de capacidad de almacenamiento propio: El margen entre el mínimo regulatorio y la capacidad instalada en tanques propios de cada gasolinera es la primera línea de defensa ante interrupciones de terminal. Una gasolinera con cinco días de inventario propio absorbe una falla sin impacto en su operación; una con un día de inventario la convierte en cierre.
Formalización de contratos con distribuidores alternativos: La construcción de acuerdos de suministro con comercializadoras que cuentan con permisos de importación activos y acceso a múltiples terminales ofrece una alternativa real en escenarios donde la red de Pemex no puede responder a tiempo, algo que el episodio de abril convirtió en un requerimiento operativo y no en una precaución opcional.
La propuesta que circula entre analistas del sector para reducir la vulnerabilidad logística de fondo implica la construcción de centros de almacenamiento satelitales con capacidad de entre 100,000 y 300,000 litros, financiados mediante contratos mixtos con capital privado, que actuarían como nodos intermedios entre las terminales de Pemex y las gasolineras de regiones sin acceso a ductos, desplazando parte del costo de la última milla hacia infraestructura fija y reduciendo la dependencia del autotanque como único eslabón de la cadena.
Comenzamos a ser testigos de una bifurcación estructural en el segmento gasolinero: por un lado, operadores con diversificación de fuentes de abasto, almacenamiento propio ampliado y contratos alternativos activos; por otro, permisionarios que dependen de un único punto de distribución en una terminal cuya continuidad operativa no puede garantizarse en el entorno actual. La crisis de inventarios en las terminales de Pemex de abril de 2026 no produjo esa bifurcación, pero la hizo visible con una claridad que los episodios previos de desabasto no habían alcanzado.
Con reservas nacionales equivalentes a 17 días, 34 fallas documentadas en las terminales de Pemex durante abril de 2026 y costos de importación que subieron 58.6% en gasolina y 32% en diésel en menos de siete semanas, la cadena de suministro de combustibles en México opera en un margen de error que convierte la gestión proactiva de inventario propio y la diversificación de proveedores en el diferencial operativo más relevante entre una gasolinera con diésel disponible y una que traslada las disrupciones del sistema al consumidor en forma de cierre temporal.

