El estímulo fiscal al IEPS es el mecanismo con el que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público amortigua semana a semana el impacto del precio internacional del crudo sobre el precio final al público. Funciona como una reducción de la cuota específica por litro: en 2026, esas cuotas base son $6.70 para la Magna, $5.66 para la Premium y $7.36 para el diésel.
Para la semana del 13 al 17 de abril, Hacienda publicó un recorte en el Diario Oficial de la Federación: el estímulo a la Magna bajó de $2.09 a $1.80 por litro; el del diésel, de $5.97 a $5.91. Son $0.29 centavos menos de subsidio por litro, cifra que en abstracto parece menor y en operación representa la diferencia entre cumplir el precio tope de la gasolina Magna o absorber el diferencial con margen propio.
El precio tope del diésel que casi 8,000 gasolineras no respetan
El precio máximo para el diésel se fijó en $28.28 por litro en el acuerdo entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el sector gasolinero. La brecha entre acuerdo y operación quedó documentada el 8 de abril: PetroIntelligence registró 7,945 estaciones vendiendo diésel por encima del límite, y el día anterior el recuento fue de 8,144.
Alejandro Montúfar, director de esa firma, atribuyó el incumplimiento al inventario de alto costo acumulado cuando el Brent superó los 107 dólares por barril, impulsado por disrupciones en el Estrecho de Ormuz. Sin los estímulos actuales, el diésel llegaría a rangos de $35 en algunas regiones del país.
El margen gasolinero cuando Hacienda recorta el IEPS
Al cierre de la semana del 13 al 17 de abril, el precio promedio nacional de la Magna se mantuvo en $23.68 por litro, dentro del precio tope de $24.00, lo que sugiere que los operadores absorbieron el diferencial antes que arriesgar sanciones. El diésel recibió trato diferencial —estímulo de 80.35 por ciento frente al 26.97 de la Magna—, puesto que sostiene el autotransporte de carga y la operación industrial del país.
Con el WTI cerrando la semana cerca de los 98 dólares por barril, la SHCP no descartó nuevos ajustes al subsidio en los días siguientes.
El esquema de precio tope con estímulo fluctuante presiona de forma asimétrica a los operadores del sector: las estaciones con mayor volumen y contratos de suministro de largo plazo absorben los ajustes semanales sin comprometer su estructura financiera; las de menor volumen los absorben a costa del margen —reproduciendo una bifurcación que el mercado minorista de combustibles en México lleva varios trimestres profundizando— y que representantes del sector gasolinero presentaron ante la autoridad como argumento para revisar un esquema de precio máximo que, hasta ahora, no incorpora los costos reales de operación, logística y distribución.
